EL ARTE MURALISTA COMO INSTRUMENTO POLÍTICO: SUS INFLUENCIAS, OBJETIVOS Y TRANSFORMACIONES COYUNTURALES EN CHILE (1960-2000) Segunda parte


EL ARTE MURALISTA COMO INSTRUMENTO POLÍTICO: SUS INFLUENCIAS, OBJETIVOS Y TRANSFORMACIONES COYUNTURALES EN CHILE (1960-2000)
Mural art as political tool: its influence, short-term objectives and changes in Chile (1960-2000)
Karen Oyola Espinoza – Iván Villablanca Canales
Convocatoria Nº 14 Cultura visual y política en América Latina
Segunda Parte


Impactos y transformaciones de los movimientos muralistas
En la década de los sesentas el mundo está sumergido en plena Guerra Fría, dividido en dos polos, que si bien se muestran totalmente antagónicos, se nutren uno del otro y de este orden mundial para promocionarse y subsistir. Esta configuración va a dirigir las políticas internacionales y económicas a nivel global y tendrá directa incidencia en Latinoamérica; puesto que, EE.UU. instala políticas de autoprotección incorporando a sus políticas económicas y de defensa a países del cono sur americano.
Pero la década de los sesenta también muestra un punto de inflexión al orden mundial; La Revolución Cubana. Cuba, se erige como una revolución particular y única, como un proyecto tangible, sobre todo para los países de América Latina. Este hecho, que por un lado, agudiza la esperanza de la posibilidad revolucionaria, por otro incrementa las políticas regionales de EE.UU. como respuesta para el aseguramiento de los principios capitalistas. El hecho de que Cuba irrumpa como “motor revolucionario” estimula a  EE.UU., a generar respuestas de estrategia, e instale en el escenario mundial a Latinoamérica, fortaleciendo políticas asistenciales, de protección y reforzamiento de lazos interamericanos; pero también, potenciando y expandiendo su carácter cultural, a través de la producción en masa de su literatura y   de la exposición de su arte.  Todo este trazado, irá cimentando la aparición de nuevas formas de expresión y movimientos político sociales (potenciando y derribando).

Estas dinámicas internacionales, que impactan en la región repercuten en Chile de diversas maneras; durante la primera mitad de la década de los sesenta formará parte (a nivel estatal) de estas políticas estadounidenses y a nivel social y en contraposición, se potenciará su carácter revolucionario (de cambio social).

En este contexto, aparecerán en Chile movimientos anticapitalistas con claras tendencias de cambio social, influenciadas por la experiencia cubana y el socialismo de la URSS, manifestándose de diferentes formas e incrementando su adhesión a la acción política. Muchos de estos movimientos estarán ligados a los diferentes partidos de  la época y ejecutaran formas de expresión innovadoras, algunas de ellas, como instrumento y comunicador.

Brigada Ramona Parra
En 1968 nace en Santiago del primer referente artístico muralista de izquierda en la época; La Brigada Ramona Parra (BRP), que estaba compuesta por miembros jóvenes del Partido Comunista (PC) y obedecía instrucciones de esta directiva; surge por medio de ideologías políticas totalizantes y anticapitalistas con una propuesta a los obreros de la ciudad, para preparar su emancipación (Zelada y Fernández) y tuvo su máxima expresión durante la campaña Presidencial de Salvador Allende.  “Proponían a través de un proyecto de arte, alegre y colorido, englobar las reclamaciones de la sociedad, vista ésta como un bloque homogéneo, en cuanto a sus reivindicaciones y contradicciones; moviéndose en dos planos, el político y el social altamente definidos, priorizando la propuesta política” (Zelada y Fernández)

Una vez ejecutado el Golpe Militar, y tras imponerse el Régimen de Dictadura, las brigadas muralistas de izquierda entrarán no tan solo en un receso (si bien temporal, bastante transformador) sino también en una reconfiguración de sus fines y formas de agrupación. Durante la segunda mitad del s. XX, la BRP se convierte en colectivo, no se encuentra dirigida por el PC,  pueden integrarla militantes de diversos partidos políticos de  izquierda, no militantes y sectores sociales. Por otro lado, se diversifica el discurso visual, de ser uno hegemónico y totalizante (marcadamente político) a uno múltiple y focalizado (marcadamente social). 

En la primera década del s. XXI, surgen nuevos movimientos de arte popular muralista, como los de mujeres pobladoras de La Pintana que dirigen su pintura sobre la problemática de la violencia intrafamiliar, la de los diversos movimientos pro-indígenas o ecologistas; grupos desvinculados de la acción partidista. Este tránsito del muralismo político partidista, con discursos gráficos totalizantes, con ideología definida y dirigida a la sociedad general; a la de colectivo de arte mural urbano,  desvinculado del partidismo (desdibujando su carácter político),  dirigida a una porción de la sociedad claramente delimitada, con demandas acotadas y puntualizadas, caracterizada por una marcada problematización social, lo ilustraremos por medio de la experiencia y existencia de la Brigada Ramona Parra. 

Esta fractura o escisión del muralismo político la abordaremos por un lado, a través de la influencia directa –y violenta- que tuvo en la sociedad chilena el Régimen Militar, y por otro, desde la consolidación del neoliberalismo.


Sobre el Régimen Militar
Las influencias del Régimen Militar, las dividiremos en dos áreas, la primera en cuanto a la represión y practicas de terror, y la segunda, como imposición e implementación de políticas neoliberales.
1.- Durante el período de dictadura, la prohibición de asociación y formación partidista significó el cese de los diversos movimientos políticos y muralistas como la BRP, por lo menos hasta principios de la década de los ochenta. En el régimen no había cabida para la oposición, por tanto, tampoco para brigadas muralistas de izquierda como la BRP, que había estado directamente involucrada con la campaña presidencial del destituido Salvador Allende. La política de terror repercutió en sus integrantes, provocando su esparcimiento, miedo, clandestinidad y exilio (Zelada y Fernándes p.13). Si bien, esto no produjo su desaparición, si constituyó un cambio en las motivaciones y finalidades de muchos grupos muralistas, que ahora se centraban en la defensa de los DD.HH. y  la restitución de la Democracia, siendo el principal objetivo la salida de Pinochet. Este puede ser el primer impacto significativo, de inflexión y transformación de la brigada y los grupos muralistas, puesto que de promover reivindicaciones totalizadoras, antisistémicas y socialistas, “deben” o “sienten que deben” enfrentarse a un enemigo más acotado, real e inminente; El Régimen Militar. 

El mural político de izquierda se va a enfocar, ahora, clara y precisamente a un tema central único. Acota su motivación y finalidad. Provocando el primer giro de su transformación, marcando su carácter de resistencia, en el caso de la BRP, se evidenciará con la aparición en su gráfica del “puño en alto” del obrero, que se transformará en el distintivo más significativo de esta coyuntura y la brigada. 
2.- A fines de los setenta, el Régimen Militar había optado por un sistema político económico que implementar; el Neoliberalismo, teorizado por la Escuela de Chicago. La imposición e implementación del sistema, significó la construcción de la Constitución del 80, es decir, la radical transformación del Estado, su poder y campos de acción. Se modificaron y adaptaron al funcionamiento del sistema, los fondos de Pensiones (por la AFP), el Código del Trabajo (promotor de beneficios empresariales), entre otros. 

La reconstrucción del Estado, contribuyó a la descomposición de la sociedad civil; y el nuevo Código laboral, agudizó y radicalizó las relaciones de producción y acumulación. Se reduce el Estado y se amplía el campo de lo privado (Castro, p. 26), se aseguran los beneficios y acumulación del capital principalmente de los empresarios, y el funcionamiento del sistema. 

Los impactos sociales o las “adaptaciones” de la sociedad civil a estos cambios, no se pueden evidenciar tan directamente durante Dictadura, debido los ejercicios de ocultamiento y represión; pero hacia la década de los noventa y ya cuando el sistema ha calado hondo y profundo entre los ciudadanos, se puede observar la reconfiguración del espacio publico, la vida y practica política (Castro, p. 30); y los intereses y prioridades estatales. La misma Brigada Ramona Parra comprobará el cambio que significó la instalación arbitraria, violenta e impositiva del neoliberalismo, pasando de Brigada ligada al Partido Comunista a Colectivo (Zelada y Fernández, p. 20). 

La Ramona Parra como colectivo, agrupa e invita a la participación de todos los pobladores que quieran unírseles, perdiendo el carácter partidista, comienza a pintar sobre problemáticas determinadas, sobre problemas derivados del propio sistema (no sobre el sistema en si), su discurso y reivindicación pasa de ser la realización de una “sociedad nueva”, a la de identificar y cuestionar  problemas puntuales (Zelada y Fernández, p.20). En este período (los noventas) se multiplican los murales con características similares, como el mural indígena o el ecológico; el de problemática social, en contra de la violencia intrafamiliar, violencia infantil, entre otros. También proliferan, sobre todo a finales de los ochenta, murales recordatorios de detenidos desparecidos y/o caídos durante el régimen, que si bien poseen un carácter político, son más bien de recuerdo histórico, honorífico y/o de demanda para el esclarecimiento y resolución legal sobre violaciones de  DD.HH. puntualmente identificados (Zelada y Fernández, p. 22) 

Sobre el neoliberalismo
La consolidación del sistema neoliberal a nivel mundial, tiene directa y clara incidencia en la estructura político social en el Chile de finales del s. XX, ya que nuestro país, por un lado se erige como  el primero en adoptar las propuestas de la Escuela de Chicago (en 1980) y por otro, se constituye como el país donde las políticas neoliberales se instauran de manera radical y explícitas (por medio del Régimen autoritario) es decir, es el país neoliberal por excelencia ya que no tan solo es el primero en implementar el sistema, sino que también lo hace “al pie de la letra”. En sociedades industriales avanzadas, como en EE.UU. y parte de Europa (Inglaterra), el neoliberalismo no llega a su máxima expresión, ya que mantienen muchas políticas de protección a la industria nacional, lo que significa la inexistencia de una apertura total y radical al mercado mundial, si bien, son países de marcadas características neoliberales, mantienen modalidades de proteccionismo, esta “dualidad” no se presenta en Chile, ya que en el país existe una apertura total, de lo político, social y económico al mercado mundial, apertura que lo hace más “receptivo” a las influencias, en todos los planos, internacionales (Castro p. 45).

Dicha apertura incide en las formas de hacer política desde lo macro y micro, hasta en las formas de organización de la sociedad civil y el ciudadano. A través de las imposiciones neoliberales, el Estado se descompone (Castro, p. 45) traspasando parte de su poder y responsabilidades al sector privado (a través de concesiones) y al poder local (municipios), esto va generando que las demandas de la sociedad se vayan concentrando hacia lo local y no al Estado, como gestor de estabilidad social. Por otro lado, se cambia el modo de hablar de cultura e identidad (García, p. 13), centrándose hacia la multiculturalidad, evidenciado por el cambio profundo de la ultima década del s. XX, donde Latinoamérica (y Chile) se va quedando sin proyectos nacionales (García, p. 25), de carácter macro, de identidad nacional. 

El neoliberalismo en su expresión más radical, a través del reordenamiento de gran parte de la economía y la política, se traduce en la destrucción violenta de los lazos sociales y en la abdicación de lo público en lo privado. Estas dinámicas nacionales, supeditadas a lo internacional, van provocando la multiplicidad de identidades (García, pp 26-27), marcadas por un creciente individualismo, vemos así, como las demandas de la población se puntualizan y se dirigen hacia instituciones acotadas, todo en respuesta a las dificultades que genera el mismo sistema. Los colectivos muralistas, muestran en esta dimensión, una resiginificación de sus demandas y formas de agrupación, que constituyen un ejemplo vivo de estas dinámicas neoliberales, arraigadas en Chile. Por un lado, se individualizan sus propósitos, surgen de problemáticas tangibles y acotadas, y se componen a través de los lazos sociales micro y locales, por sobre los políticos. 

El colectivo Ramona Parra, ejemplifica claramente este cambio, incluso expresados por sus más distintivos colaboradores. Reagrupa a sus miembros a través de la significación social, es decir, a través de la cercanía de los problemas entre pares (las mujeres de la Pintana, se reagruparan porque todas poseen o poseyeron la problemática de la violencia intrafamiliar; los grupos indigenistas, se agrupan por la cercanía de sus demandas, desprendidas de su condición de indígena), el colectivo no centra sus problemáticas en una sola y global, y a la vez, no cierra su organización a la participación de un determinado partido político. Si bien el colectivo, expresa demandas de diversa índole, no especificando una concreta, sus propósitos se van concentrando en problemáticas puntuales derivadas de las incidencias del sistema sobre la sociedad.

Consideraciones finales
Hacia década de los cuarenta la pintura  en Chile es influenciada principalmente por la escuela mexicana; trascendiendo en los artistas consolidados de la época, como Marcos y De la Fuente, que comienzan a utilizar espacios públicos para desarrollar su arte (Universidades, Estaciones de Ferrocarriles, etc.), inyectándole un marcado propósito social y político a sus obras. A pesar de que esta forma de expresar el arte tiene connotaciones políticas y sociales, no logra repercutir profunda y masivamente en la población, por que si bien, el arte se traslada del museo, no es a lugares altamente concurridos y aún es sectorial. Además, su trazado y composición, aún era academisista como para ser rápidamente comprendido por la población. Sin embargo, esta traslación de cierta manera constituye un antecedente, puesto que, el espacio de la ciudad va a comenzar a verse como un lugar abierto y utilizable para expresiones artísticas con intencionalidad política y social. 

Hacia la década de los sesenta, esta forma de expresión artística intensifica su manifestación política, a través de las apariciones de brigadas muralistas, como la Brigada Ramona Parra.  Estas brigadas, que expresan un proyecto claro y consistente, nacen de los partidos políticos y por tanto, están directamente unidos a sus ideologías.  En los sesentas se encuentran claramente dividas y caracterizadas las esferas que conforman la sociedad; el Estado-nación, los partidos políticos y la sociedad civil. La sociedad civil canaliza sus demandas a través de los partidos políticos, utilizando como herramienta de propaganda política, el arte del muralismo. 

El proyecto del muralismo político de los sesentas, además de la propaganda a sus correspondientes partidos, también pretende educar y conscientizar a la población, principalmente proletaria, para  la construcción de una nueva sociedad. Era un proyecto totalitario, puesto que, pretendía un cambio total de las esferas sociales, políticas y económicas, era ideológico, ya que se basaban en teorías y filosofías concretas y radicales, en cuanto al cambio de la totalidad. Se dirigían a la sociedad, identificada ésta como bloque histórico, evocado principalmente al proletariado, como el nuevo actor de cambio social; esto influenciado por el contexto histórico imperante en la época, de revolución social (en el caso de la URSS y la Revolución Cubana), y se concentraban en la cuidad como movimientos urbanos, ya que era donde se desarrollaba masivamente el proletariado. 

Esta dinámica social y política, se transforma radicalmente a partir del Golpe Militar de 1973 y posterior al Régimen dictatorial. Primero, porque se derriban las esferas sociales que conformaban el espectro político social y segundo, porque se va a imponer el proyecto neoliberal, en contraposición a la dinámica que imperaba en los sesentas. El Régimen Militar, en primera instancia va a extirpar del escenario público a los partidos políticos y por tanto, a desestabilizar a la sociedad civil. De cierta manera, se erradica también a la sociedad civil –como sector delimitado y demandador-, porque, sin espacios de mediación (los partidos políticos) se van a extinguir sus posibilidades de participación y de petición de demandas. Se rompe por tanto, la estructura político social (Estado-nación, partidos políticos, sociedad civil). 

El rompimiento de la estructura político social, repercute en los movimientos muralistas, ya que estos estaban involucrados con los partidos políticos y además, porque la política de terror del Régimen, prohibirá estas formas de expresión. Las brigadas muralistas comienzan un receso, son perseguidos sus integrantes y/o eliminados. A pesar, que para la década de los ochenta, el Régimen militar aún se encuentra operando represivamente, muchos movimientos políticos se van a reagrupar. La principal motivación de los movimientos reagrupados, que también incluye a muchas brigadas muralistas (como la BRP), será la de combatir el Régimen y su principal característica será la resistencia. El arte muralista se transforma, así, en un arma de lucha contra la Dictadura militar.

Una vez consolidado el neoliberalismo impuesto por el Régimen Militar durante la década de los ochenta,  junto con el retorno a la Democracia en los noventa, el muralismo, sus motivaciones, formas de agrupación, identidad política y forma de proyecto, se ven reconfigurados. Como ejemplo, lo evidenciamos en la trayectoria de la Brigada Ramona Parra, que de Brigada partidista pasa a ser colectivo social, sin vinculaciones partidistas directas y/o formales; pasa de proyecto político ideológico totalizante a proyecto parcializado, como movimiento para lograr reivindicaciones puntuales en confrontación a las incidencias del sistema neoliberal (mas que al sistema neoliberal en si); y como respuesta  a las problemáticas sociales derivadas del funcionamiento del sistema. 

El neoliberalismo como sistema que se erige a través del individualismo, la propiedad privada y la descomposición del Estado (Castro, p. 12), repercute en la sociedad civil como actor de cambio, así lo expresará Tomás Moulian, de ciudadano se transforma en cliente; y como el instrumento de mediación de ésta (la sociedad civil) –los partidos políticos- de ser el conducto por el cual la sociedad imprimía sus demandas y reivincaciones al Estado se desdibuja y también sus formas de acción; confundiéndose la política con los negocios, incide profunda y directamente en las expresiones y formas de hacer política. Lo que va derivando en que los ejercicios políticos de la sociedad civil, como los de las Brigadas Muralistas, pasen de un proyecto de cambio estructural a la de un proyecto que responde a las problemáticas que el mismo sistema neoliberal va generando, puntualizando las demandas.

Vemos entonces, como el muralismo como expresión político social, va configurándose y reconfigurándose históricamente, a través de las diferentes coyunturas y que va respondiendo a las relaciones político-sociales de las diferentes épocas. Todas estas coyunturas, influenciadas por un contexto internacional (como el neoliberalismo), regional (la Revolución Cubana) y nacional (como el Régimen Militar). El muralismo, sin embargo, no ha perdido su esencia, puesto que si bien ha disipado su carácter partidista y ha centrado sus demandas a lo social y particular, no carece de intencionalidad política; por otro lado, a pesar de la expansión del individualismo y el debilitamiento de las agrupaciones y movimientos, continúan constituyéndose como colectivo social.


Bibliografía general
-Alcatruz P. Aquí se pinta nuestra historia: el muralismo callejero como  acercamiento metodológico al sujeto histórico poblador, Disponible en: http://www.anuariopregrado.uchile.cl/articulos/Historia/AnuarioPregrado_Aqui_Se_Pinta.pdf, 2004 
-Bellange E. El mural como reflejo de la realidad social en Chile. LOM Ediciones, 1995, Santiago de Chile
-Castro B. Descomposición del Estado en la Actualidad
-García N. Culturas Híbridas, Nueva Edición, 2008

-Zelada V. y Fernández L.,  Colectivo muralista Brigada Ramona Parra. Murales urbanos en la lucha por la revolución social, Universidad Academia de Humanismo Cristiano, 2004, Disponible en:  http://www.antropologiaurbana.cl/pdfs/etno/brigada_rparra.pdf 


ARTÍCULO REALIZADO DE UN TRABAJO PRESENTADO EN LA UNIVERSIDAD ARCIS, CON MI AMIGO IVÁN.
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