Algunas interpretaciones


El contexto latinoamericano, que emana de la segunda Guerra Mundial, va provocando el surgimiento de diversos debates teóricos en torno a lo político y económico. Es importante no olvidar, que estos procesos que se irán suscitando en el escenario latinoamericano, obedecen a un transcurso histórico particular de la región y particular a cada país de la región. A pesar de lo anterior, se pueden evidenciar ciertas similitudes entre los países que componen el continente, que posibilitarán un análisis macro de estos procesos de “larga duración” y que repercuten en la actualidad. Primeramente, y sobre el análisis macro de la región, podemos evidenciar la influencia de las políticas internacionales y de experiencias de países extranjeros, que afectan directamente en el territorio y que configuran, de cierta manera, un escenario en común entre los países latinoamericanos. Al respecto, podemos mencionar las políticas internacionales adquiridas por EE.UU. a través del Plan Marshall, que pretenden la “unificación” de un bloque anticomunista en el continente latinoamericano y sobre la experiencia socialista de la Unión Soviética en el marco de la configuración y desarrollo de la Guerra Fría. De esta manera se van conformando respuestas, reacciones y debates, en torno al escenario internacional y las repercusiones de éste en la región.

Las economías latinoamericanas, históricamente, se han caracterizado por la interacción entre las estructuras internas y externas, acrecentando la importancia de los vínculos entre estas economías y el mercado internacional, aumentando esta dinámica hacia fines del s. XIX[1]. La economías abiertas y monoexportadoras, ampliamente practicadas por estos países,  su sustancial exposición a los vaivenes del mercado internacional, su fragilidad frente a las crisis y su “escasa” posibilidad de respuesta ante las manifestaciones ciclicas del mercado, que se van haciendo cada vez más evidentes, repercutiendo en los debates económico-políticos de la región. Este proceso, paulatino pero importante, va a ser uno de los tópicos incorporados a debates sobre desarrollo y modernización económica, y en los proyectos que de esto se desprende. La fragilidad del mercado, las crisis altamente perjudiciales para estas economías, la necesidad de aliados por parte de EE.UU., la evidencia de la creciente y fuerte dependencia de las economías latinas y la necesidad de respuestas y acciones en torno a estos “dilemas”, de alguna manera u otra, de mayor o menor medida, repercutirán en el debate desarrollista que primarán potentemente en la región principalmente en la década de los cincuentas, que configurarán, un nuevo escenario y evidenciarán “otras” problemáticas subyacentes.

El propósito anticomunista esgrimido por Estados Unidos, hacia fines de la Segunda Guerra Mundial, genera diversas formas de acciones en el escenario político-económico internacional; algunas de estas políticas y “discursos” repercuten muy directamente en la región, primero por una estrategia antibélica[2] y más tarde, para una consolidación económica[3]; con este propósito Estados Unidos, amplía sus políticas internacionales a la mayoría de los países latinoamericanos, siendo fundamental el Plan Marshall y las políticas del “buen vecino”[4], La Doctrina Truman, la OTAN, el apoyo a Las Naciones Unidas, entre otras. Se desprende de la Doctrina de Truman, a fines de 1948[5], el debate en torno al subdesarrollo y desarrollo. En el punto IV de la mencionada Doctrina, se hace referencia y se pone en el tapete y debate internacional, el concepto de subdesarrollo, refiriéndose con esto, a la denominación de regiones atrasadas[6]. Como lo expresa Gilbert y al respecto no nos cabe duda, esta definición, no tan solo se posesionó fuertemente en el debate internacional, sino también, transformó radicalmente la visión de mundo[7]. Para la perspectiva estadounidense, por tanto, el subdesarrollo es una condición de los países o regiones atrasados, del “retraso” se desprende que va “más atrás que otros”, pero que esta característica no es definitoria, porque se puede “avanzar” para llegar a la par de los que sí, por tanto, están desarrollados; desplazando, de cierta manera, el debate imperante sobre países colonizados-descolonizados. No quiero dejar de lado, que este desplazamiento y este nuevo concepto, otorga cierto “plus” a EE.UU., que por un lado, logra “desviar” la atención de debates que quedarán “obsoletos”, surgirán nuevos bríos de descolonización ampliando el mercado y consolidará su posición de “benefactor”, por cuanto a proporcionar ayuda y directrices (pro-estadounidences) a los países “subdesarrollados” como los latinoamericanos, afiatando el bloque pretendido y su protagonismo mundial. De esta manera va surgiendo una suerte de “etapismo desarrollista”, donde los países subdesarrollados, “deberán” transitar para alcanzar el “tan anhelado” desarrollo. Rostow, muy claramente lo describe, cuando expresa –de manera lineal e incluso temporizada- que existen 5 fases para determinar el grado de desarrollo de una economía[8]: Sociedad tradicional, de las condiciones previas al despegue, el despegue, el progreso hacia la madurez y la era del consumo en masa (personalmente consideramos que estas fases corren en función del mercado y a la consolidación del sistema capitalista). Pero de este debate se desprenden también otros conceptos y otras definiciones de desarrollo, se van incorporando otras instancias en su definición y va enriqueciendo el debate latinoamericano, podemos esgrimir que si bien el concepto de subdesarrollo se erige bajo fines “oportunistas”[9], el concepto mismo va a generar “otras” alternativas a lo propuesto.  Perroux, en su definición del concepto de desarrollo, propondrá, que más allá del crecimiento económico, se requerirá de la combinación de cambios sociales y mentales, para que el crecimiento sea de un modo acumulativo y durable su producto real global[10]. Incorporaciones al concepto de tópicos sociales, culturales, condiciones de vida, capacidades de inversión, etc. van, de cierta manera, conduciendo el concepto de desarrollo a políticas más sociales. Es importante acotar, que toda esta visión, que si bien va avanzando, reconfigurándose, redefiniéndose y cambiando, el concepto de desarrollo-subdesarrollo desde su génesis hasta los debates más contemporáneos, obedecen a una teorización positivista. Tras todos estos debates, se subyacen, conceptos como los de modernización, dominación y dependencia; donde la modernización obedece a una suerte de “occidentalización” asociada muy íntimamente al concepto de desarrollo (¿desarrollo es igual a modernización?, o más bien ¿la modernización es un requerimiento más para llegar al desarrollo?, evidentemente y bajo esta mirada positivista, la relevancia que adquiere el concepto de modernización, hace imprescindible que esta sea una condición sinequanon para alcanzar el desarrollo, sobre todo cuando –modernización- se traduce en la incorporación y consolidación del sistema capitalista). Surgen, por tanto, visiones disidentes, como las que advierten que las políticas emanadas de los países “desarrollados” y el funcionamiento del sistema internacional, lejos de ayudar a los países del sur, consolidaban su dominación[11]. De la evidencia de dominación y dependencia, resultarán nuevos conceptos y debates, como la interpelación de la CEPAL[12] al mercado internacional y principalmente a los países caracterizados como desarrollados, en cuanto, a la existencia de un intercambio desigual, un sistema que se sustenta del movimiento centro-periferia, y por lo cual, expresa la necesidad de generar autonomías económicas, que se basarán, principalmente, en la inversión industrial (es decir, modernización y tecnologización industrial) derivándose de esto, la necesidad de un desarrollo de una industrialización por sustitución de importaciones ISI (en el marco de crisis económico mundial, producto del debilitamiento del mercado europeo, producto de la II Guerra Mundial), que requerirá de un reagrupamiento regional latinoamericano y la potenciación del rol del Estado. Este modelo, adoptado por muchos países latinoamericanos, repercutirá interna y externamente en los países de la región, por un lado, la necesidad de erigir un Estado fuerte y protector requerirá de fundar una sólida cohesión social, una clara y definida intervención y recursos necesarios para su aplicación.  El Estado, no tan solo es protagonista, sino también, responsable de la implementación, futuro y consolidación de las promesas derivadas y el proteccionismo de la ISI. Con todo esto, se abren nuevos polos de atracción migratoria, ahí donde se edifican las industrias, es donde esta el trabajo y por tanto, es donde quiere estar la población; iniciándose un fuerte proceso migratorio. La débil implementación del sistema, donde surgen nuevas demandas político-económicas; el incumplimiento de promesas y de las nuevas necesidades sociales desprendidas del modelo; donde las ciudades industrializadas no cuentan con las condiciones óptimas de vida (explosión migratoria), el Estado no puede cumplir con lo prometido ni con lo solicitado. En cuanto a las problemáticas externas, el proteccionismo a los mercados nacionales (que no tienen una gran envergadura), la competencia internacional también es limitada (debido al proteccionismo de cada país de la región), la necesidad de tecnologización va generando “nuevas” dependencias hacia los países desarrollados, por tanto, el modelo por un lado, no podía cumplir lo prometido (estabilidad económica) ni las demandas sociales y por otro, generaba nuevos vínculos de dependencia (no había autonomía) y limitaba el mercado. Con todo esto, desde su inicio comienza a engendrar su propia crisis[13].

Las demandas sociales se van acrecentando, la crisis de la ISI, el incumplimiento de sus promesas, la crisis socialista (modelo admirado por muchos países de la región), y una reestructuración capitalista, tendrán directa incidencia en el espectro político y social, y las formas de acción de éstos.

LOS MOVIMIENTOS SOCIALES Y LAS NUEVAS FORMAS DE PROTESTA
Citando a Tarrow, los movimientos sociales, necesitan de secuencias de acción política y continuidad, requieren de asociatividad y a través de desafíos en común, el  enfrentamiento a un oponente[14].  Se presentan, con esto, formas más flexibles de “lucha”, donde si bien es requerida la acción política, no es necesaria la forma política (me refiero con esto a las formas clásicas de hacer política, la de los partidos políticos, su estructura y formas de funcionamiento), si bien demanda desafíos en común, respaldados por redes sociales de solidaridad y cultura, no es imprescindible un programa que delimite –de antemano- sus acciones y fines; por último, estos grupos si bien se diferencian de las acciones políticas clásicas, surgen de la capacidad de enfrentamiento contra un oponente, pero este oponente no necesariamente se erige bajo fundamentaciones económicas o clasistas únicamente. Como lo expresáramos anteriormente, la creciente decepción ciudadana[15], producto de las diferentes crisis, enmarcadas en el contexto latinoamericano de los setenta y ochenta, donde convergen numerosos gobiernos militares productos de autoritarismos y golpes armados, van determinando y “modificando” el accionar ciudadano, enmarcadas en la crisis democráticas y de  representatividad política, prominentes en la región. Estas crisis democráticas y la socialista (marxismo clásico), la de cuestionamiento al sistema capitalista y la creciente “sensación” de inestabilidad social en la región, van configurando grupos heterogéneos que convergen en una diversidad de demandas y en una diversidad de acciones. El debate se nutre de críticas y cuestionamiento a las posturas socialistas, y de torizaciones occidentalistas, donde se va gestando una visión, teorías y debates, acentuadamente localistas, donde se “adaptan” tendencias mundiales y/o surgen nuevas, considerando la particularidad histórica de la región. Al surgimiento de los nuevos movimientos sociales, también se reconfiguran nuevas formas de protesta y variados tipos de resistencias, desde diversos frentes. “A partir del reconocimiento de la multiplicidad de significados (pluralismo), al análisis de los procesos de expansión de la ciudadanía y de renovación de la representación política en América Latina cobra otras proyecciones”[16], a través, de fenómenos articuladores directamente asociados a la constitución de nuevas matrices políticas, directamente ligadas a la crisis de los sistemas políticos evidenciados en el continente. El fenómeno de activación política aparecido en la región parte de los sujetos sociales excluidos o al borde del sistema[17], por lo cual, son precisamente actores que no poseen una permanencia ni una trayectoria en los sistemas políticos clásicos, como los partidos políticos. Las huelgas, movilizaciones, marchas, protestas, cortes de ruta, etc.[18] Van “explotando” y asentándose como forma de presión y expresión de la ciudadanía, la heterogeneidad espacial, poblacional y cultural,  son consideraciones insertas en estas nuevas formas de hacer ciudadanía. La crisis de la ISI, se relacionará directamente con una crisis política, la oleada de gobiernos dictatoriales, por un lado genera nuevas demandas sociales, por otra, pone freno al levantamiento social e ideológico. Una vez “recuperada” la democracia en la región, ya había quedado a muy mal traer, acrecentando las “distancias” entre la ciudadanía y la institucionalidad[19] -y el concepto mismo de democracia- se ven altamente cuestionados. Una grave pauperización del continente ha acompañado el proceso de reacción antipolítico y de distanciamiento crítico de la opinión pública respecto a las instituciones[20] fundada bajo la premisa de “decadencia” política, hace patente la necesidad de reformas y debates en torno a la representatividad y democracia.  Se amplía el escenario de “reivindicación” y las temáticas de “lucha”, aparecen problemáticas sobre los recursos naturales, como la guerra del agua y la resistencia de los cocaleros en Bolivia (los recursos naturales directamente asociados a las economías y sus fluctuaciones) La insurgencia en Chiapas y el movimiento indígena-campesino en Ecuador en los 90’.

Las nuevas formas de protesta, incluso armada, de los nuevos movimientos, surgidos algunos por coyunturas puntuales, van configurando nuevos movimientos de masas, como los piqueteros en Argentina, los Sin (sin casa, sin trabajo –los excluidos del sistema), los “madrugadores”, etc., no tan sólo amplían el espectro de movimiento, de acción y de motivaciones, sino también se desprenden de la diversificación de los actores articuladores, fenómeno que se presenta en la zona, en diferentes grados y magnitudes; en países como en Chile, donde el gobierno autoritario y su accionar político-económico, merma y “aplasta” las acciones sociales, este fenómeno pasa “casi” imperceptible.

EL MERCADO
La implementación  del capitalismo neoliberal, a través de políticas internacionales y las ejecuciones de gobiernos autoritarios, potenciadas por la caída de los gobiernos socialistas, reconfigurarán las relaciones de dependencia a nivel económico y político de los países de la región. Las dificultades para implementar nuevas políticas (principalmente derivadas del proceso de industrialización) y las variadas crisis gubernamentales, que acrecientan inestabilidades económicas, producto de las relaciones y compromisos internacionales, resultado de la deuda externa, las acciones del FMI y del protagonismo del mercado, ejercen presiones sobre las nuevas “democracias latinoamericanas” que se traducen en variadas reacciones, de acuerdo, a la realidad particular de cada país y a los grados de implementación del sistema capitalista neoliberal en cada uno de ellos, es así, como se evidencia una brecha –en el creciente nacimiento de diversos movimientos sociales, en las organizaciones de la ciudadanía, las formas de enfrentamiento y contestación hacia el sistema- entre los países que componen la zona. Es evidente la diferenciación sobre acción política y ciudadana entre países como Chile[21] y Bolivia, donde el primero y tras un duro gobierno autoritario impositor del sistema neoliberal, posee una muy debilitada o escasa reacción social, y el segundo, donde las políticas neoliberales no han afectado del todo las estructuras políticas y de acción ciudadana, posibilitando e incluso potenciando los diversos movimientos sociales, adquiriendo fuerza incluso para realizar recambios de gobierno y hacer “tambalear” seriamente el sistema.

La crisis económica generalizada, evidenciada en la potente baja del PIB en la mayoría de los países latinoamericanos[22], va permitiendo que países como EE.UU.  y en un afán “oportunista” de cooptación y alienación regional[23], a través de la potenciación del FMI y el Banco Internacional, comienza una evidente “intromisión” política y económica, que es condición para las ayudas y el “rescate” de las economías debilitadas. Brasil y Argentina[24], son ejemplos clarificadores al respecto. Estados Unidos a través del FMI y el mercado internacional, condicionan la incorporación al sistema económico mundial y de ayuda a  las economías en franco peligro.  Las condiciones varían desde las peticiones de cambios políticos estructurales y la anticipación de elecciones presidenciales, como en el caso de Argentina[25] y la firma de un acuerdo preelectoral con los candidatos “presidenciables” en Brasil[26]. La intromisión, a través del mercado internacional, de países desarrollados como Estados Unidos, va mermando la estructura político-estatal de los países en donde se “opta” por este camino. Podríamos decir, que de algún grado los “Gobiernos reales son reemplazados por los mercados”[27], pero tampoco debemos dejar de mencionar, el surgimiento de gobiernos disidentes del sistema, ahí donde el sistema neoliberal no se ha posesionado de manera consistente, surgiendo expresiones de fracaso de las políticas de EE.UU. a través del asenso de figuras como Evo Morales en Bolivia y Hugo Chávez en Venezuela. Si bien, se puede decir –de cierta manera y más en algunos casos que en otros- el mercado a reemplazado los gobiernos de algunos países latinoamericanos, “no importando el gobierno de turno”, ya que, la potencia y vorágine de éste, está tan incorporado en tales estructuras, que si así existiera un gobierno de derecha o de izquierda, las funciones del sistema permanecerán  inquebrantables, existen otras evidencias, donde los gobiernos han significado un duro revés al sistema, como lo es en el caso boliviano – que también evidencian el “poder” de los movimientos sociales-.



[1] Leslie Bethell (coord.): Historia económica de América Latina. Desde la independencia a nuestros días. Ed. Crítica, Barcelona, 2002, p.323.
[2] Como defensa hacia un posible ataque –aereo- por parte de la URSS
[3] La consolidación del mercado. La preponderancia y dominio de EE.UU. sobre el mercado, la consolidación de la moneda y economía estadounidense y su conformación como potencia internacional.
[4] Hernán Venegas: Cátedra, Democracia y Militarismo en América Latina. Universidad ARCIS, 2007
[5] Gilbert Rist: El Desarrollo, Historia de una creencia occidental. Rev. América Latina, Nº3, Universidad ARCIS, 2003, p. 230
[6] Op. Cit. Rist. p. 232
[7] Ibídem.
[8] Op. Cit. Rist. p. 234
[9] Nos referimos con esto, en cuanto a Estados Unidos, puesto que, para “legitimar” y consolidar un bloque anticomunista y para “atraer” la alianza con Latinoamérica, primero, promete que si bien existen países atrasados, ese retraso no es definitivo y por tanto se puede llegar al desarrollo, segundo, para llegar al desarrollo se deben realizar y cumplir con ciertas etapas y “formalidades”, tercero, EE.UU. ofrece su ayuda para “facilitar” este transito. Todo lo anterior en torno a la consolidación del sistema capitalista y a la potencialización estadounidense en la arena mundial.
[10] Op. Cit. Rist. p. 236
[11] Op. Cit. Rist. p. 240
[12] Ibídem.
[13] Alexis Meza: Cátedra, mercado y movimiento social en América Latina, Universidad ARCIS, 2008
[14] Sydney Tarrow: El poder en movimiento. Los movimientos sociales, la acción colectiva y la política. Alianza Ed. Madrid. 2004
[15] Gerardo Caetano (comp.): Sujetos sociales y nuevas formas de protesta en la historia reciente de América Latina, CLACSO, Buenos Aires, 2006. Distancias criticas entre ciudadanía e instituciones. Desafíos y transformaciones en las democracias de la America Latina Contemporanea.
[16] Ibídem
[17] Gerardo Caetano (comp.): Sujetos sociales y nuevas formas de protesta en la historia reciente de América Latina, CLACSO, Buenos Aires, 2006. Política y protesta social en las provincias argentinas.
[18] Ibídem
[19] Ibíbem
[20] Op. Cit. Caetano p. 185
[21] Hugo Fazio: ¿Quiénes gobiernan América Latina?, LOM Ediciones – Universidad de Humanismo cristiano, Santiago, 2003 p. 16
[22] Ibídem
[23] Apreciación e interpretación personal.
[24] Op. Cit. Fazio p. 19
[25] Ibídem
[26] Ibídem
[27] Ibídem

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